Bienvenidos a este lugar de consulta sobre poetas, narradores y ensayistas de todo el mundo escritos o traducidos al idioma español.

"... el bibliotecario protege los libros no sólo contra el género humano sino también contra la naturaleza, dedicando su vida a esta guerra contra las fuerzas del olvido"
Umberto Eco

VELA, Rubén

Rubén Vela

Santa Fe-Santa Fe-Argentina//Ciudad Autónoma de Buenos Aires-Buenos Aires-Argentina


Libros publicados:
- América ed altri epigrafi, Istituto Universitario di Studi Euroafricani, Colección Les Dauphins, dirigida por Pino Mariano y Charles Cárrère. Estudio preliminar de Alberto Baeza Flores. París, Lecce, 1985.
- América, Carpeta con litografías de Daniel Zelaya, Berlín, 1978.
- Canciones del nuevo mundo. Traducidos al Coreano, Ediciones Song-San-Seoul-Korea-1991.
- El espejo, Fundación Argentina para la Poesía, Buenos Aires, 1979.
- Escena del prisionero, Edit. Los Días, 1955. 2° Edición con grabados de Osvaldo Romberg, Buenos Aires, 1965.
- Introducción a los días, Edit. Botella al Mar. Con un dibujo de Luis Seoane, 1953.
- La caída, Cuadernos De Herrea y Reissig. Montevideo, 1959.
- La palabra en armas, Edit. Losada, 1971. Primer Premio Municipal de Poesía de la Ciudad de Buenos Aires.
- Los secretos, Edit. Sudamericana, 1969. Primer Premio Trienal de Poesía "José Pedroni".
Maneras de luchar, Antología personal Fundación Argentina para la Poesía, Buenos Aires, 1981.
- 8 Poetas españoles, generación del realismo social. Edit. Dead Weight. Buenos Aires, 1965. (2° Edición, septiembre 1965).
- Poemas americanos, Edit. Losada, 1963, con xilografías de Roberto J. Páez.
- Poemas australes, Edit. Losada, 1966, Faja de Honor de la Sociedad Argentina de Escritores.
- Poemas indianos, Cuadernos del MAM. España, 1960, con un dibujo de Leopoldo Presas
- Poemas, Edit. Vozes, 1972, Brasil. Premio Internacional PEN Club do Brasil.
- Poesía y libertad, Antología y prólogo por Julio Cesar Forcat, Colección "Poesía", Editorial Alma Gesto, Buenos Aires, Enero 1996.
- Radiante América, Edit. Américalee, 1958, con xilografías de Torres Agüero.
- Verano, (reedición), Ediciones Anzilotti. Grabados de Osvaldo Romberg, Buenos Aires, 1981.
- Verano, Ediciones Anzilotti, 1970. Grabados de Osvaldo Romberg. Primer Premio Fundación Interamericana de Bibliotecología Franklin.
- Verano, Edit. Poesía Buenos Aires, 1954.
- Veranos, Edit. Losada, 1956.

OBRA

SELECCIÓN POÉTICA

MANERAS DE LUCHAR

Que no me digan
que escriben simplemente,
que dicen el poema
sin pensarlo siquiera.
Que él nace porque sí.

Es un arduo trabajo,
un oficio de herreros,
un hacer proletario.
Un cansancio que continuará mañana.

Que no me digan
que se hacen poemas sin sudores,
sin una larga y violenta jornada de trabajo.
Tengo las manos como las de un labriego,
duras, gastadas, llenas de poemas.



AMÉRICA

“Esto es América”, me decían,
mostrándome las altas cordilleras,
el suicidio del sol sobre los trópicos,
los grandes ríos furiosos.
Sólo vi pies descalzos,
criaturas americanas
sobre el hambre y el frío
como frutos desnudos.
“Esto es América”. Sobre las tierras
indias del centro y del sur
vi desolación. Y, al borde,
las grandes ciudades opulentas, sólo
al borde...

MENSAJE A LOS HOMBRES DE ESTE SIGLO

¿Es la poesía, acaso, el lenguaje de los impotentes,
la música celestial de los eunucos,
el ensueño de los débiles de espíritu?

Hombres de este siglo:

Contemplad la Palabra.

Leedla

en los muros que acumulan
descifrables memorias como gritos
reclamando
el pleno ejercicio del amor,
la libertad inmensa.

Buscadla

en aquellos rostros sorprendidos
que descubren de pronto
su condición de Pueblo.
El luminoso, único destino
del hombre aquí en la tierra.

Ved la Palabra

en ese niño hambriento
devorándose
los huesos que aún le quedan
de su propio esqueleto,
destrozando en llantos su futuro
al cual nunca arribará.

¿Sumiso, manso, domesticado el Poeta?

He aquí su Palabra.

Su salvaje alegría.

Su porfiada esperanza.





EN LA TIERRA

a Nina

Hemos construido días perfectos sobre la abundancia de
palabras dichas en silencio. La dura soledad de tu
cuerpo y el mío en una misma soledad.

Hemos hecho crecer ese silencio en la sed de nuestros
hijos.

Hemos ganado nuestro amor.





MESA DE LOS PECADOS CAPITALES
O
AUTOBIOGRAFÍA DEL POETA
O
PRESENTACIÓN DE SUS INFIERNOS
O
JUSTIFICACIÓN DE SU FE Y DE SU ESPERANZA

a Juan Carlos Martell
I

Yo era el príncipe de las constelaciones más confusas,
la culebra acuática de las calamidades, el azogue
de las melancolías.

Un coro de ángeles alababa, con antiguas canciones,
mis mas espléndidos extravíos, mi lenguaje
mas obsceno.

Pero era también el arcángel de los descubrimientos,
el incansable recolector de la palabra en los
campos helados, el labrador de la hierbabuena.

¡Oh, miseria interior! Mi podredumbre transformaba
las cosas de este mundo en objetos de pura belleza.

mis fatigas mas perversas, mis fracasos reventaban
en mi boca como flores del bien, con un amor distinto.

Y a pesar del infinito amargor de tantos días difíciles,
los hombres recobraban a mi paso su perdida
condición de gigantes en la tierra, la dimensión
irrepetible de su libertad y de su alegría.



II

Cada una de mis fabulaciones más perversas engendraba
hijos espléndidos.

Mis constantes suicidios, el delirio de mis venas desbordándose
en ríos de pánico y resentimiento,
fecundaban los campos, purificaban las cosechas.

Al disparo certero, al terror más absurdo,
mis sienes estallaban como cuevas antiguas,
liberando los olvidados animales de la aurora,

¿Arrancarme el corazón? Crecía la música.
Mis blasfemias salvaban el futuro, ya existente
en los no nacidos espacios profundos de mi ser.

Y al negar a mi Padre, al Verdadero desde Siempre,
su Palabra Ordenaba: Protegedlo y Honradlo.
Él es el Elegido.



III

Reventaba por placer los ojos de los recién nacidos.
Pero visiones maravillosas les revelaban,
la belleza de este mundo.

De cada pedazo de piel que arrancaba, brotaban luces
como incendios de donde renacía
la verdadera memoria de los hombres.

Maté mis propios hijos, los por mí engendrados
y alumbrados. Y ellos alabaron mi sabiduría
al convertirlos en hombres para siempre.

Entonces destrocé el odio y el amor, todo cuanto en mí tenía.
Y creció ante mí la Hembra Victoriosa,
la mujer portadora del más perfecto amor
sobre la tierra.



IV

Así, a pesar de mí mismo, soy el arrogante dispensador
de bienes no deseados, el insolente instrumento
de la verdad para probar la existencia de otra Verdad
no alcanzada. El condenado de la fe, portador de la
esperanza y la alegría.



V

Madre misteriosa/ ¿en qué lecho me has parido?

¿Qué violador invisible llenó de músicas tu memoria
más íntima?

¿El asombro de qué prodigio ungió tus muslos en tu
noche de bodas?

¿Qué dios transformado en pájaro perfecto
penetró tu nombre de virgen,
se adentró en tus entrañas, puso su canto en ellas?

¡Y qué grito enternecedor, qué aterradora sinfonía
brotó de tu garganta, oh virgen perdida desde siempre,
oh madre ganada desde siempre!

Madre misteriosa, gozoso nombre de la tierra india,
hembra de América abierta en dos, pariéndome
con entera y desconocida alegría.



VI

Y el coro de ángeles protegiéndome desde entonces,
transformando mis lepras y sangrías/ mi carne llagada
y lastimosa, mi nombre tan herido, mis enteras
miserias, mis soledades y mis profundos odios, mis
injustificables crímenes, mis agonías y mis muertes en
una resurrección constante, en una salvación fuera del
Tiempo.



VII

Esta palabra que crece duramente en libertad y cruel
armonía.

Porque yo soy, yo
justifico

la presencia del fruto del Vientre Elemental sobre
la tierra.



UNA HISTORIA

I

Quiero contar, amigos,
una historia muy simple.

Y hablar simple no es fácil.

Cuando tuve hambre
creí que dejar de tener hambre
era conquistar la libertad.
Cuando tuve sed
creí que dejar de tener sed
era ganar la libertad.

Orgulloso,
ya sin hambre ni sed
edifiqué mi casa solitaria
en una ciudad sin hombres.
Encerré mi libertad.

Pero ella fue mía
sólo por un instante.



II

Nadie tuvo la culpa.

Para su inmenso amor
la casa era muy chica.

Su amor una ventana
más grande que la casa.

Una ventana en libertad.



III

Guerrillera de auroras
escapó simplemente
musical y desnuda.

Iba de pueblo en pueblo
deslumbraba a los hombres
paría
hijos
hermosos.

Encerrado en mi casa
yo nada comprendía.

Ella
hacía crecer
la música.

La libertad desnuda.

IV

Un día

abandoné mi soledad inútil
mi débil fortaleza.

Me mezclé con los hombres.
Descubrí mis hermanos.

Heredé su alegría.



V

En medio del festejo
en mitad del almuerzo generoso
alquimistas del odio
derramaron el vino.

Y vi la mesa diaria
hecha de pan e hijos
de sudor y trabajo
destruida.



VI

De la tierra incendiada
surgieron
radiantes
mis hermanos.
Ellos eran la Tierra.

Levantaron sus casas.
Construyeron
otra mesa más grande
en la matriz bravía
de la tierra.





Comieron de nuevo en esa mesa
con un amor distinto.
Dieron salud al mundo.

Conquistaron
a fuerza de coraje
la libertad perdida.

La libertad de Todos.



VII

Entonces comprendí.

Y ella vino hacia mí

recuperada

en el áspero lenguaje

de los pueblos.





RETRATO DE UN DESCONOCIDO

Este canto grave y profundo, Madre de los Abandonados,
que la madrugada trae en su extraño silencio.

El que habla profundamente
escuchó ese silencio.

Es este hombre agrietado en edades como un Rey de Armas
en desgracia, como un antiguo heredero olvidado de
todos, que va de puerta en puerta atestiguando la
soledad de los zaguanes, su gastada armadura
tachonada de coágulos y heces, de cansancios de plazas y hartazgos de palomas.

Rey de un tiempo absoluto donde su entera libertad
es su locura.

Él es su propia música, el dueño del canto de la noche.

Moscas, como ángeles ásperos, le sostienen confiadas
su corona de espinas.

Y algún perro seguidor, lo habita.





HOMBRES DE MI CIUDAD

Ellos
han pasado
a mi lado.

Se esfuerzan por vivir.
Tienden sus manos a la vida.

Nada tan fácil.
Nada tan difícil.

Han pasado a mi lado
pronunciando tu nombre.

Llevaban
tu soledad en alto

como una dura bandera
hecha de lutos y fracasos,
de desesperado amor,
de invencible alegría, Buenos Aires.





TODO O NADA

Al pintor Cambarles
No hablar de América
no hablar de nada
no mencionar la muerte que te guarda
como un ángel siniestro
no decir cosas
o decirlo todo de golpe
descubrirte penetrarte desnudarte
te cae el sol encima
te arde en tu fosa como una lepra
te cae la sed el hambre
se han olvidado las ofrendas
el pago a la tierra el tabaco la coca
te cae el dolor
de tanto espacio herido inútilmente
por los pájaros gigantes de rapiña
que llegan desde el norte
desde el centro del hielo
de la región de la muerte
para escarbar con sus garras
tu corazón de américagambartes
que late todavía.



Y aún sigues viendo el mundo a través de tus manos
gran niño ciego deslumbrado por el arco de todos los
colores
sigues viendo criaturas que nacen como pólipos o
adherencias
sobre la tierraindiaherida
aferradas encimadas atrapadas
como racimos de seres extraños que miramos con
desconfianza
de un planeta desconocido antiguoamérica
de una tierra de cobre donde todos les pertenecemos
y en donde todonada es de ellos
la piedra habitada por el rayo
la piedra de color de calor
de arrabio de rabia de furia
viendo todo por tus manos gritando sobre muros de
piedra
gritando lo que viene desde el ombligo del mundo
manopiedra culebra manopiedra serpiente
manopiedra del llanto
manopiedra cansancio
manopiedrahambre del hombre americano
manopiedra gambartes.

Y me nace esta alegría entre tanta ausencia
haberte conocido
haberte hablado
haber visto con tus ojos
lo que tú quisiste que vieran mis ojos
tu sabiduría tu humildad
madrepadre gambartes
que construías con tus manos tan pequeñas
los radiantes monstruos del pasado hacia el porvenir
que inventabas la música de las raíces profundas
en la historia partida de esta tierra
con tu corazón de poderoso mago de la aurora
tus manos que inventaban el verdadero nombre de
américa
américagambartes
que soñaban américa
que lloraban américa
que gozaban américa.
Porque hay que decirlo
volver a repetirlo
quien no ha entendido nada aún de todo esto
que destroce su cuerpo sobre el gastado asfalto
de esta ciudad deforme y malqueriente
que se suicide sin asombros
desde el último piso de sus años vacíos y sin esperanzas
que se corte su sexo para no perpetuar sobre el mundo
su sombra miserable
y si aún después de todo esto sobrevive
que mire por última vez un cuadro de gambartes
una hechicería de gambartes
la luz cegada por el resplandor del relámpagogambartes
y resucitando al fin sobre la aurora de un distinto
nuevodía
cobijarse para siempre en su vientregloria-padremadre-
gambartes.

¡La gran perra por qué te has muerto de temprano aunque
sigas tan vivo para siempre
américagambartes!



DE MI RAZA

a Carlos Manuel Muñiz
I

Poesía es una raza.

Yo me siento y reconozco en esa raza. Allí viven mis padres
y mis madres, señores que nunca han muerto, que no
han conocido la vejez ni la agonía. Allí están mis
hermanos tan queridos y otros primos gloriosos. Allí el
hombre y la mujer que descubrieron la clave del futuro:
el que inventó el nombre del maíz y la del vientre
fecundado por el aire caliente y fraternal de América.



II

Seres queridos que en delirio de cobres y de bronces crearon
la belleza del antiguo mundo. Alfareros de misteriosas
ecuaciones que acumularon por siglos su equipaje de
encantamiento y hechicerías.



III

Padres locos, madres locas, hijos y nietos locos de la locura
del conocimiento: el señor dueño del fuego y el
matemático puro que atrapó la agricultura. Abuelos de
estatura de árboles inmensos en medio de la noche para
señalar el camino. Padres de los días venideros que no
se agotan nunca.



IV

Yo vi esa señal en la madera, comprendí el lenguaje de la piedra, amé la tierra y la simple y perfecta disposición
del agua por lograr su ajustado equilibrio. Subí la
montaña diestra en sabidurías, admiré los huevos
deslumbrantes -generadores del futuro- en los nidos
de los pájaros del trueno y escuché la voz profunda de
mi raza en lo más hondo de la noche, en lo más puro
de mi corazón.



V

Poesía es esta raza. Continúala.

Escoje a tu mujer, la de luminoso silencio
que enriquece al poeta.

Bébele las sorprendidas palomas de su sexo, florécele sus
pechos en poemas, destroza con el más terrible, tierno
amor, su piel más íntima. Que se incendie en urgencias
el sol negro que guarda celosamente para ti entre sus
piernas. Y ya dentro de ella, habitante de un pueblo que
continuará tu nombre, revienta tu enloquecida granada
de carne en aguas crispadas y profundas, en aullidos
de gozo en donde resida el porvenir, el rostro confiado
de tus hijos.



VI

Entonces, poeta, la Piedra cantará.







VANA ARGUMENTACIÓN DEL SOLITARIO ANTE LA CONSTANTE CRUCIFIXIÓN DE SU ÚNICO HIJO AQUÍ EN LA TIERRA

Rostros conocidos, familiares; abominables rostros que me
distraen y angustian. Yo sólo buscaba un gran
Silencio, una Eternidad sin Tiempos que abarcara
todos los espacios.

De pronto me conmueve el llanto de un recién nacido, aquí,
en mi costado. De pronto algo sucede a pesar de
tanta inmovilidad aparente. ¡El Tiempo, el Tiempo,
el fastidioso Tiempo de los vivos!

El recién nacido agita sus pequeñas manos, mueve esas
garras diminutas y trepa por mi cuerpo, arañando,
desgarrando mi piel. Tanta ansiedad, tanta fiebre a
cada movimiento: un delirio que trata de cercarme,
envolverme en su fiebre. El pequeño monstruo gime;
es un llanto apagado que llega a través de la
Eternidad. El pequeño monstruo trata de cobijarse
entre mis brazos. Busca amor. ¿Amor, todavía?

Mi corazón se conmueve, late. Siento su ruido monótono,
terco. ¿Cómo decir que he fracasado?



Entonces todo se transforma. Estoy dentro de un pozo
profundo y caigo. Hacia los Infiernos. Hacia los
Cielos, ¿Cuál es mi Reino?

Quiero aferrarme a esas paredes lisas, enemigas. En un
supremo esfuerzo detengo mi caída. Yo me salvo. Es
Mi hijo quien cae.

Mi corazón ha dejado de latir.

Un silencio profundo, gozoso, me confunde.

Al fin, abro los ojos.
Ese único muerto, ¿soy Yo?











VISITA AL JARDÍN DEL ÁNGEL CAÍDO

a Gyula Kosice

I

Esta
gota de agua
elemental,
desnuda,
que crece
desde el Origen
hacia el ojo,
desde el mar interior
a la luz
infinita.

Y ciega
su sal íntima,
enturbia la visión
de lo que es concreto,
de lo que es real,
para probar
de este modo
la existencia

de lo que no es concreto,
de lo que no es real.



II

Desde adentro
hacia afuera,
desde el centro
a la ola,

como si el Origen
buscara

a través del agua
su justificación,
a través del ojo
su oportunidad.

Como si buscara,
necesitara
testigos
por la Lágrima,
la Revelación.



HOMBRE CON VASO DE VINO

Soy el bello animal enjaulado en mis huesos.

En marfiles magníficos que celosamente me custodian.

Son mi habitación privada
donde viven mezclados
los días del futuro y pequeñas
humedades de infancia;
la memoria de algo que pasó
y volverá a repetirse:
el nombre de mi muerte.

Allí acumulo mi sed y mi alegría,
mis fatigas y asombros,
mis ropajes usados,
lenguajes como fiebres incurables
y el maravilloso amor.

Esa jaula
es mi pasaporte humano,
necesario.

Mi vestidura secreta,
mi desnudez total,
desconocida.



LA DAMA QUE DESCUBRE EL SENO

a Tomás Alva Negri

La poesía es el futuro de la muerte.

Los invencibles ojos de oro
que triunfarán
sobre su abominable ceguera.

Y al contemplar la muerte
la irresistible belleza de este mundo
inventará para los hombres
juegos admirables de salud perfecta.

Será la Madre Fascinante.
La Engendradora.

La Total Enamorada.



DEL POEMA

El poema
es
aire,
alimento,
respiración,
una ciudad abierta
donde todos los hombres
se festejan.
Un universo en libertad.

El poema
es
riesgo,
temblor
que le amanece
a la palabra.
Exigencia.
Revolución esencial.

El poema
es
visitación
de un solitario
pájaro
de otra altura

fecundando
los asombrosos
jardines
de la eternidad.

El poema
es
todo el dolor.
Último trozo
de otro pan.
Agua
para otra sed.
Es la vacilación
del soldado
que descubre
de pronto
su irreversible
condición humana.
El instante
de su muerte
por quienes
lo olvidaron.

El poema
es
alegría
de la carne
y de la sangre.
Es amor.
Es ardorosa destrucción
de la cual se alimenta
toda construcción.



El poema
es
difícil camino
a través de lo
invisible
hasta alcanzar
otra luminosa
realidad.

Es también
armonía
donde todas
las contradicciones
se resuelven.

Es
lo existente
y lo no existente.
Centro de atracción
de lo que emerge de la muerte
y lo no nacido en el porvenir.

Es este momento,
ahora,
este instante repetido
e infinito
del Tiempo
mirándose en su
espejo.

Es
la memoria de Dios
sin la cual no existiría
Dios.

Pero fijaos qué curioso:
sin el hombre
el poema
no es.


LA PALABRA EN ARMAS

I

La palabra en armas
su porfiada vehemencia
su penetrante ardor
su insolente
su incómoda
sencillez.

La palabra en armas
tiene el sueño liviano
despierta en cualquier momento
se levanta
toma el día en sus manos
hace salir el sol
o provoca el diluvio.

Con elemental rudeza
acontece en sí misma.
Se festeja
creando la fraternidad.

Es un solo lenguaje.
Es un viejo lenguaje.

Es el común y terrible lenguaje
de los hombres
que han sabido ganar su libertad.

(La libertad hay que ganarla
como la mujer
como los hijos
como la poesía
como la amistad)


II

La palabra en armas
crece
en la garganta de los hombres.

Aquí allí
revienta
en estallidos
de pueblos
en salud.

Reparte
su sabia medicina
abre sus brazos combatientes
señalando el futuro.

Se entrega
en labios de amor
de fraternidad.


III

La palabra en armas
construye de escándalos
su edificio.

De escándalos certeros,
necesarios.


IV

Ver
la palabra
pesarla calibrarla
irritarla violarla.

La palabra desnuda.


V

Palabras
¿quién las dice?

Palabras
¿quién las escucha?

La palabra
como un hueso anterior a la lengua
como una sed anterior al agua
como una sal como un sol
anterior a la especie.


VI

Vastos desiertos
incendiados por la palabra.

Infinitos espacios
descubiertos por la palabra.

La brevedad humana
salvada
por la palabra.


VII

Y las contradicciones.

Palabras
para el amor
palabras para nacer
palabras para vivir
palabras para salvar
de morir.

Y también
palabras
para herir
para matar
para confundir.

¿Quién profana la palabra?
¿Quién hiere?
¿Quién mata?
¿Quién confunde?

No el poeta
no el hombre recolector
de los hermosos frutos
no el artesano
de la preciosa herramienta
no el tallador de la sed más antigua
no el solitario
más lleno
más repleto
más habitado
de este mundo.

Esa no es su voz.
No es la voz del poeta.


VIII

¿Para qué sirve la palabra?

Para revelarle al hombre
su perdida
dimensión humana.

Para devolverle
su Reino en esta tierra.

O más sencillamente
para hacer mejor al hombre.

¿Mejor para qué?

Para incendiarse
en esta pasión común
y tan distinta

este ejercicio cotidiano
que se alimenta de amor
a cada instante.
¿Y qué es ese amor?

Es
estar en la casa del hombre,
vivir en la casa del hombre.

Ser ese hombre.
Ser todos los hombres.


IX

La palabra en armas
que tiene cabida solamente
en nosotros mismos.

Nosotros,
nuestro propio alimento.

Nosotros, la palabra.