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"... el bibliotecario protege los libros no sólo contra el género humano sino también contra la naturaleza, dedicando su vida a esta guerra contra las fuerzas del olvido"
Umberto Eco

LOPEZ BORDON, Mónica

Mónica López Bordón

Las Palmas de Gran Canaria-España//Alcalá de Henares-Madrid-España


Libros publicados:

* Mitos Azules Ed. Grupo Cero, 2004
* Árbol de sol” Ed. Grupo Cero, 2007
Premio Sarmiento de Poesía 2010.
Premio Érato de Poesía 2010.
Premio Internacional de Poesía Ángel Miguel Pozanco 2009
Premio Nacional de Poesía Hernán Esquío 2006.


OBRA

SELECCIÓN POÉTICA

BUSCO LA ALONDRA QUE VOLÓ DE MI PECHO

Descubro en los mares árticos un juego para inventar silbidos de la tarde
en el canto de la alondra. Olvido todos los nombres.
Retrocede la noche como pájaro rendido en tu pecho deshabitado.
Se alejan los vientos del Norte plegados en tantas cosas por encontrar.
Entre las alondras vuelan gargantas de mundo
inundadas de versos.
Engendran sus nidos con el ir y venir de tanto viaje
siempre, para volver.

Resbalarán y caerán en mis manos alzadas, sonámbulas de tu boca,
desnudas entre tus brazos…
Cómo apagar el resplandor de este vuelo, la pasión de su ruta acariciando
tus labios con los dedos, deslizándose por el horizonte abierto,
alondra que no pudo hablar.
Miro el cuerpo que anida en mi pecho invadiéndolo todo
para encontrarme a mí misma volando, por primera vez.


ESCAPÓ DE MIS MANOS

En ese preciso momento escapó de mis manos
convirtiendo el norte en todas las direcciones posibles.

Tenía la cadencia mágica de una gota peregrina,
izada sin forma, vencedora, en el camino de nadie
y el cuerpo del hombre.

Su agua era un pájaro flotando entre la luna y mis ojos,
agitada libertad, la de mis pies desnudos,
hundidos en la mirada sobre el mar.

Escapó de las manos que no tocaron nunca
el sol frente a frente.

Escapó un verbo pronunciado en ese instante,
un tenue rumor de viento,
deseo y rosas tejidos en la piel.


ESQUEMA DE UN PAISAJE

Cruzo un desierto, sus páramos
y crepúsculos de infinitos sueños.
Miro alrededor y no tengo respuestas.
De todo lo que amo trazo un esbozo,
paraísos del alma,
estaciones sembradas de auroras y jardines.
En mi cuerpo están las huellas del alba,
su voz y una cantata sombría
por donde vaga la muerte
invitando a su fantasma.
Hoy tengo el espesor mudo del mar
y un largo llanto, los ojos vacíos
un vuelo de pájaro y un largo lamento.
Escribo el dolor sin nombre.
Abandono toda promesa
y bailan sobre un hilo
los cristales de las ausencias.
Nadie lo sabe pero en mi tristeza,
envuelta entre tus brazos, brota una flor.

Una gacela en pleamar
Me sentía una gacela en pleamar
brotando en el fuego de tus manos.
antílope y lira,
preludio de una buena canción.

Me sentí gacela, saltando, en pleamar
cuando pude dibujar la ausencia presentida,
los párpados soñando átomos abiertos
y una danza marina con los dioses del Parnaso
sentados a nuestra mesa.

Dibujé una parábola en el vientre.
Loca, lánguida, soñadora,
entrelazada al viento del norte
que llegaba anunciando el crepúsculo.

Temblaba el horizonte.
Su mirada era como un salto
de poniente agarrando el vacío.
Y me sentía gacela en pleamar,
alegre y ligera; enlazada y perseguida;
fugada y alcanzada en todos sus tiempos.

Huida de nada.
Oda a la mirada
Nace del amor la mirada profunda, se reconoce su caminar de pétalo abierto,
las formas que resurgen en las pupilas cristalinas
de la mujer que vive, del hombre que ama,
del mundo que gira viviendo a su manera
en la ávida belleza de los vientos del norte.

Nace tu belleza grandiosa en la plenitud del amanecer, sin tiempo,
rompiendo los hechizos de tus ojos de odalisca
tendidos en la telaraña de mirada y voz,
de un paisaje imprevisto en la comisura de tu labio.

Como los otros, caminas sonámbula
en las palabras vacías de una noche de invierno
y en tus manos quedó una bandada de pájaros,
un trozo de papel, un vuelo
y el espejo del tiempo abriendo tu boca de seda.
Descubres la desnudez del sueño, el goce,
y todo se confunde, mirada, en el viaje,
el verdadero viaje de tres colores, de luna blanca,
escritos sobre el cielo de París.

En tu ocaso empujamos vertiginosamente tu huella,
tu temblor cae sobre la vida, cae tu mirada y se la lleva.
Viva. Viva y desvelada. De todos y de nadie
Se me ocurrió…
Mirar desde el ángulo de tus ojos
el abismo del viento pasajero
y sus dedos ávidos
hilando el destino consumado.

Emerge el trazo de la espera
sobre el asfalto mojado,
se muere la indiferencia y el aburrimiento.
Observo a la derecha y a la izquierda.
Cientos de rostros buscan el cielo.
Una voz le dice a mi oído
y otros labios le hablan en sueños
del adiós que es un vuelo,
preludio de letanía nocturna y sutil
que ni a mi boca le consuela.

Amo el ritmo sideral de cada paso,
la huella brotando al compás de un verso
y el trapecio encaminado de tu voz
cuando resuena el latido del silencio.


¿LA VERDAD DEL AMOR?

Últimamente me pregunto si cuando sueño,
la luna es tu voz serena galopando
en la noche del alma, por siempre oscura.

Si convertimos los minutos en siglo
y de la vida, hicimos un amor.
Si el crepúsculo de la tarde
llega abierto como una partícula de viento
enredado en el mundo que nació
olvidando el olvido.
Me pregunto si esa verdad
es un vuelo de átomo
que borra las huellas del pasado
y percibe unos ojos místicos
colocando a la distancia
como testigo implacable.
¿La verdad de amor?
¿Quién la sabe?
¿Quién era yo escoltada
en las formas del verbo
habitando en tu nombre?

¿Alguien lo sabe?
La tercera pregunta

En tu melodiosa desnudez
escribo el estallido que no te abandona:
¿cómo escapar?
Luz y pregunta
en tu cabeza acostumbrada
a la rebeldía del cabello
ondeando los misterios del mundo.

Tiene el alma su división
iluminada en heliotropos abiertos
que partirán mañana
como si fuera la última lluvia,
la última gota abrazando
la respiración de la noche.

Vuelan las gaviotas
y nadie responde
en el fondo de mi garganta.


SIN PRINCIPIO Y SIN PECADO

Quisiera conocer del viento,
su arrebatada voz, su garganta
y sus tres añoranzas
fundidas en un solo cuerpo.

Llega el amanecer
y después de haber dormido
con la muerte imaginada
escribe en mi piel
la belleza de la soledad.

Soy, de su nacer, el tiempo ajeno,
desvelado y fugaz
que acude sin pausa
con el amor en las manos abiertas
como quien espera
los retazos de un poema futuro.

Destino forjado entre aquel ayer
y hoy germinados sin pecado
en todo lo que aún
queda por decir.


SI LA VOZ SE SINTIERA CON LOS OJOS

Tocas en mis costados
el laberinto y todas sus sendas
ceñidas al color de tu voz
y al tacto ondulado de tu vista.

Si la voz se sintiera con los ojos,
cáliz desquitado en las carcajadas anegadas
del llanto vacío de hoy, del día que se acaba.

Atiéndeme, se va mi fuerza haciendo nube,
te miro y no llego, amor en las palabras.
Te digo: espérame…
cuando ya, otro rostro, nos sonríe.


TOCO ESTA NOTA DESESPERADA, AMO Y SOY AMADA

Toco esta nota desesperada.
Madrugada delirante
absorta en este labio desnudo
clavado en el sol que todavía
me cabe en el pecho.

La estocada aquella que finge
su encuentro fugaz
me despierta en este amanecer.
No me importa lo perdido,
amo y soy amada.

Siembro en los ojos del sauce
este amor que me escribe
besando del inalcanzable vacío
la boca que sigue pidiéndome más.