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"... el bibliotecario protege los libros no sólo contra el género humano sino también contra la naturaleza, dedicando su vida a esta guerra contra las fuerzas del olvido"
Umberto Eco

BELLI, Gioconda

Gioconda Belli


Managua-Nicaragua


Libros publicados:
*Gioconda Belli. Antología personal (2010)
*El infinito en la palma de la mano 2008 (2009)
*El pergamino de la seducción (2005)
*Mi íntima multitud (2003)
*El país bajo mi piel (2001)
*Apogeo (1997)
*Waslala (1996)
*El taller de las mariposas (1992)
*El ojo de la mujer. Poesía reunida (1990)
*Sofía de los presagios (1990)
*La mujer habitada 1988 (2010)
*De la costilla de Eva (1987)
*Amor insurrecto (1985)
*Truenos y arco iris (1982)
*Línea de fuego (1978)
*Sobre la grama (1972)

OBRA

SELECCIÓN POÉTICA

EL RETORNO

En el calendario:
la ausencia.
Ventanas blancas
por donde escapa
tu imagen.
La soledad me alivia.
Me distiende la piel.
Recobro el sonido de
la vida interior
ensordecida por tus palabras.
Ventanas blancas de los días
me vacían de rencor.
Caen afuera las primeras lluvias.
Mi soledad huele a tierra mojada.
Mi vientre se llena de viento.
En unos días más olvidaré
el contorno preciso de tu rostro.
Entonces empezaré a desearte
otra vez.
Descartaré el olvido, la rabia.
La nostalgia me mojará
y yo también oleré a humedad.
Desde las ventanas blancas del calendario
me mirarán tus ojos de antes,
los del amor.
Esperaré deshojada
la resurrección de la carne
de lo que fuimos.
Removerá mi alma las alacenas
del optimismo.
Pondré alpiste en las ventanas
y aguardaré el pico duro de tu boca
tu mirada de pájaro.
Temblando.


CINCUENTIPICO

Hoy, día de mi cumpleaños,
qué pereza preocuparme por guardar la línea.
Prefiero escribir mientras como chocolate
y bebo un delicioso, caliente, café con vainilla.
A esta edad es importante despreciar la belleza,
darle la menor importancia posible.
Después de todo
ni siquiera un cuerpo escultural
producto de dietas y gimnasio
me salvaría de que alguien volviera a ver
para decir: “Mirala que bien conservada,
lo bien que esconde los años,
¿Se habra hecho cirugia plástica?”
De todas las perdidas que empiezan
a los cuarenta más o menos,
la más dura ha sido quizás la del horizonte
las corrientes en el ojo ajeno.
Se ha amansado el mar turbulento
en el que constantemente tenía que nadar
para mantenerme a flote.
Ahora floto en el agua como una boya redonda y amarilla,
una boya inofensiva
con la que juegan los niños.
Pronto nadie me temerá.
El poder de mi fuego arderá en el recinto íntimo
velado y modesto
como cetro en envoltorio de terciopelo.
Y lo cederé,
reconoceré que he dejado de ser la misma,
aceptaré que la edad
me ha dado un golpe de estado.


OLVIDOS

Y viene el día en que la mujer
olvida el apellido del vecino
y se despierta a media noche
queriendo adivinarlo en la oscuridad,
asustada ante las letras difusas
que resisten el esfuerzo de la memoria.
Con los ojos abiertos sobre la almohada
la mujer ve el gato respirando como niño a sus pies
y ve su casa en la oscuridad
el marido que duerme de espaldas a ella
las puertas lustrosas del armario
los libros apoyados lomo contra lomo en las estanterías
y en la noche detenida abruptamente
por el pequeño tropiezo de no poder recordar el apellido del vecino
piensa en esa casa muchos años más tarde
en las voces que albergará, los pasos que subirán las escaleras
se pregunta qué otros quizás decidirán tirar
la división de madera clara que ella y su marido levantaron
para quedarse en una habitación más pequeña
donde pudieran sentirse más cerca el uno del otro.
Piensa que todo eso que la rodea
se dispersará. Sus cosas, sus libros.
Y que entonces su vida, esas angustias,
-como la de recordar el nombre del vecino-
serán en la oscuridad
vapor de las vidas que fueron
nombres olvidados para siempre.

A todas mis hermanas, las mujeres del mundo, en su día.


CANTO AL ESTRÓGENO

Todavía es el tiempo de la desigualdad
de la mirada torva, el grito y la mano alzada
el ojo de la mujer soporta y graba en sus pupilas
la iniquidad
¿de dónde llega esta violencia
a las costas de estos brazos
acostumbrados a la caricia y al acurruco?
¿Qué es lo que en nosotras despierta al lobo
que aún habita en las entrañas del hombre,
esa furia ciega que no detienen súplicas, razones
o la memoria del primer rostro acogiéndolos a la vida?
Nuestra belleza, la abundancia, la generosidad
de curvas y pechos,
la piel suave,
¿qué esconde en su frágil envoltura
que así provoca en ellos la saña y la muerte
la violación y el rapto?
Cantemos, hermanas, por quienes así
se pierden de nosotras
y no pueden consigo mismos
Los que temen el estrógeno de nuestras entrañas.
Crecemos.
Los vemos achicarse en su temor.
Nuestro instinto busca arrullarlos como niños
Ofrecerles el perdón de los adultos
No queremos más que midan su estatura
midiéndose con nuestra sumisión
No queremos que apuntalen su nombre
sobre nuestra obediencia.
Como si vieran llegar un ejército enemigo
se atrincheran en sus vanas certidumbres gastadas
Una marejada de embistes y golpes
lanzan contra nuestros reclamos
Hacen escarnio de nuestras luchas por decir basta
por plantarnos en el suelo
y enderezar la espalda.
En tanto nosotras avanzamos como un río
las hormonas encontrando su cauce
Somos el agua fuerte
que se sacude las lágrimas inútiles
y se despoja del cansancio de llorar.
Ya miles hemos alcanzado la costa
Nos contamos por centenares
Descalzas, dejamos nuestras huellas en la arena
nos tomamos el territorio negado.

Ahora venimos a la vida con el desafío y la desobediencia en la boca
Rechazamos los mandamientos
con que en nombre del amor y el parto nos sometieron.
Anfibias
a contracorriente entre el agua y la tierra
mucho tiempo ya nos ocultamos
en las grutas quietas
de la domesticidad y el silencio
Pero aún con el agua al cuello
no nos ahogamos.
Ahora nos alzamos con caballitos de mar en las manos
Cantando y vociferando
Deshaciendo gozosas
el muro que alzaron para separarnos.
Cantemos hermanas
No paremos de cantar
Sea su violencia la prueba final de nuestro avance
cicatriz guardada en nuestra múltiple piel
Las sirenas han recuperado las piernas.
Andaremos, andaremos, andaremos
Lavaremos el mundo
con el agua viva
de nuestra dulce, redentora, tenaz,
mansedumbre
Para sanarlo
Para que sobrevivamos.
Cumpleaños
Pluma en mano
te convido, papel,
a esta celebración
del día en que nací.
No imaginé llegar aquí.
Pensaba que moriría joven
-una muerte heroica y memorable-
Ahora contemplo
con el cuerpo y la mente enteras
la madurez de mi imaginación
Y me felicito por estar viva
y por la vida
pues no ha sido menor el heroísmo
de haber llegado hasta hoy
con la sonrisa desplegada
y el mismo ardor en el pecho.
En el espejo mis ojos ríen
con la misma risa de antes
más joven quizás en su sabiduría
y en el no arredrarse.
Por experiencia sé
que no hay crujir de dientes
cuando una toma lo que viene
para el aprender
y el constante rehacerse
el desafío a las amonestaciones
de quienes han hecho cuanto han podido
por empequeñecernos.
Grande estoy y contenta
por mis años
cada uno de ellos ha puesto en mí
lo que soy.
Saludo la acumulación de tiempo
en mi pelo, en mi cara, en mi cuerpo.
¡Vengan más horas, más años a mí!
Aquí los espero
sin miedo.


8 DE MARZO

Amanece con pelo largo el día curvo de las mujeres,
¡Qué poco es un solo día, hermanas,
qué poco, para que el mundo acumule flores frente a nuestras casas!
De la cuna donde nacimos hasta la tumba donde dormiremos
-toda la atropellada ruta de nuestras vidas-
deberían pavimentar de flores para celebrarnos
(que no nos hagan como a la Princesa Diana que no vio, ni oyó
las floridas avenidas postradas de pena de Londres)
Nosotras queremos ver y oler las flores.
Queremos flores de los que no se alegraron cuando nacimos hembras
en vez de machos,
Queremos flores de los que nos cortaron el clítoris
Y de los que nos vendaron los pies
Queremos flores de quienes no nos mandaron al colegio para que cuidáramos a los hermanos y ayudáramos en la cocina
Flores del que se metió en la cama de noche y nos tapó la boca para violarnos mientras nuestra madre dormía
Queremos flores del que nos pagó menos por el trabajo más pesado
Y del que nos corrió cuando se dio cuenta que estábamos embarazadas
Queremos flores del que nos condenó a muerte forzándonos a parir
a riesgo de nuestras vidas
Queremos flores del que se protege del mal pensamiento
obligándonos al velo y a cubrirnos el cuerpo
Del que nos prohíbe salir a la calle sin un hombre que nos escolte
Queremos flores de los que nos quemaron por brujas
Y nos encerraron por locas
Flores del que nos pega, del que se emborracha
Del que se bebe irredento el pago de la comida del mes
Queremos flores de las que intrigan y levantan falsos
Flores de las que se ensañan contra sus hijas, sus madres y sus nueras
Y albergan ponzoña en su corazón para las de su mismo género
Tantas flores serían necesarias para secar los húmedos pantanos
donde el agua de nuestros ojos se hace lodo;
arenas movedizas tragándonos y escupiéndonos,
de las que tenaces, una a una, tendremos que surgir.
Amanece con pelo largo el día curvo de las mujeres.
Queremos flores hoy. Cuánto nos corresponde.
El jardín del que nos expulsaron.

CARGA CERRADA
Potpurri poético

HE OÍDO LA LENGUA DE MIS ANTEPASADOS EN SUEÑOS.
He visto sus figuras en habitaciones confusas
que solo puedo nombrar con el habla ajena
de quienes para siempre los confinaron
a la región de las sombras.
No entiendo sus palabras
pero en los sueños se alargan como palmeras
brillan como las plumas del Quetzal.
¿Cómo habrán sido los mercados en Tenochtitlán?
el pregón de los vendedores de penachos de papagayo,
la voz de la mujer ofreciendo quequisques o yuca
la sombría voz del vendedor de papas?
¿Con qué palabras sonando a río o aguacero
se declararían el amor el héroe del juego de pelota
y la muchacha dulce con las cestas de jipijapa?
Las palabras de los pueblos se parecen a sus montañas
y a sus lagos
se parecen a sus árboles, a sus animales.
¿Cómo sería la lengua que hablaría de los ceibos
y los jaguares
de la luna incandescente y ecuatorial
de los volcanes erectos?
He oído la lengua de mis antepasados en sueños,
en habitaciones confusas que sólo puedo describir
con la lengua del despojo.
ESTE PAÍS ME SOMETE A SU PASIÓN, A SU LOCURA
a la droga de tardes incendiarias
donde volcanes caminan horizontes abajo
sin que nadie los detenga
Este país suda sus mediodías luminosos
para que yo crea en la torva perversidad de su belleza,
para que no levante el sudario resplandeciente de sus paisajes
y vea a la muerte traficando huesos bajo mis narices
Embadurnada de lágrimas me tiene este país
Sale la luna alfanje a descabezar luciérnagas
los grillos cantan notas de sopranos imposibles
Los vientos alisios revientan olas invisibles en mi balcón
Pero ya no hay belleza que me engañe
ni arrullo que me haga dormir
QUÉ SUERTE LA TUYA DE ESTAR MUERTO CARLOS FONSECA
que suerte que la tierra te proteja y te ciegue
que ningún Nazareno impertinente pueda decirte ya
Levantate y Anda
que sea sólo poesía la frase de Tomás
de que sos de los muertos que nunca mueren.
En el Motastepe la grama borra las siglas del FSLN
pero es más lo que se ha borrado, mucho más
la ceniza de tantos sueños se alza hoy en espirales
sobre el verdor siempre igual y feroz de Nicaragua
pero también es algo más que los sueños
lo que se ha hecho humo
lo que ha muerto y a diario nos persigue con su olor a carroña.
¿DÓNDE ESCONDO ESTE PAÍS DE MI ALMA
para que nadie más me lo golpee?
Nicaragua herida sangra lodo
por las llagas abiertas de su corazón
¿Quién te sanará país pequeño?
¿Quién te protegerá?
¿Quién te cantará una canción de cuna para apaciguarte
para que volvás a tener fé
y te alcés sobre azules montañas
a divisar el horizonte?
Mi tierra de fuego y agua
oigo tu voz ronca de país endiablado
Shhhhhh, callate ya paisito cansado de llorar.
¿Quién le canta una canción de cuna a Nicaragua?
Empecemos. Hagamoslo todos.
Hagamos la claridad
en este nuestro país
suelto en llanto.
Dormite Nicaragua
Dormite mi amor
Dormite paisito
de mi corazón.


EL ALMA QUE NO AMAINA

Asomada a mi garganta
contemplo la selva de mi interioridad
azotada de viento,
erosionada por múltiples inundaciones.
Dicen que el tiempo lima las protuberancias del alma,
igual que el agua de los ríos torna en suave mejilla
el contorno de las piedras.
Que la memoria aprende a ojos cerrados el inmutable perfil de las riberas
y un día de tantos se llega al final del asombro,
a la intuición certera de lo impredecible.
Pero yo no parezco encontrar certidumbres en la madurez.
Cuando mis ojos penetran en el follaje del pecho
donde se agazapa mi corazón
las veredas holladas una y otra vez por mis pasos
son como el pasto lleno de tigres de Rousseau.
Humedades, estaciones imprevistas
atizan la floración de selvas inmediatas
y árboles sin experiencia
ingenuos escaladores del cielo
batallan rama a rama por un claro
desde donde asomarse
al lugar que vislumbraron
cuando soñaban germinar.
No presiento en mí el instinto migratorio
apartándome de estos bosques fecundos
donde las experiencias se acumulan cual trozas
olorosas a detritus;
donde la mano del huracán me abate con palmeras
y no hay otra manera de enfrentar a los insectos
que la desnudez.
De tiempo en tiempo pienso en terrazas frente al mar
donde sentarme a envejecer
pienso en la visión de las copas de los árboles,
percibida en el silencio.
Pero los tucanes y oropéndolas
el jaguar y el ocelote
lo primitivo y salvaje que ha quedado sin revelar
esgrime su irresistible tentación tras la tersa ilusión del horizonte.
Viajera en pos de lo profundo e ignoto
Mujer con el alma agujereada por los colibríes
desecho la memoria del desván donde guardé escudos y encantamientos
para proteger esta piel vulnerable al rasguño
y abrazo vociferante y temblando
el huracán, el tornado, la tormenta.
Desde la espesura de mis pulmones
reclamo sin arrepentimientos
la carne viva, las llagas
el ojo sin miedo
de la juventud.


EL RETORNO

En el calendario:
la ausencia.
Ventanas blancas
por donde escapa
tu imagen.
La soledad me alivia.
Me distiende la piel.
Recobro el sonido de
la vida interior
ensordecida por tus palabras.
Ventanas blancas de los días
me vacían de rencor.
Caen afuera las primeras lluvias.
Mi soledad huele a tierra mojada.
Mi vientre se llena de viento.
En unos días más olvidaré
el contorno preciso de tu rostro.
Entonces empezaré a desearte
otra vez.
Descartaré el olvido, la rabia.
La nostalgia me mojará
y yo también oleré a humedad.
Desde las ventanas blancas del calendario
me mirarán tus ojos de antes,
los del amor.
Esperaré deshojada
la resurrección de la carne
de lo que fuimos.
Removerá mi alma las alacenas
del optimismo.
Pondré alpiste en las ventanas
y aguardaré el pico duro de tu boca
tu mirada de pájaro.
Temblando.

CALMA EN MEDIO DE LA TORMENTA

Calma.
Permití que tus manos
encuentren sus reptiles ancestros
para que se deslicen
como serpientes
por la profunda espesura de mi pelo.
La cúpula de mi templo
es el ámbito que encierra
la sacrosanta arca de la alianza.
Mis orejas, los minaretes
para los cánticos más húmedos
de tu lengua.
Invertí el órden.
De arriba abajo
Hacé tu camino de ladrón
descendiendo desde la bóveda
colgado de la más larga de mis pestañas.
En el tobogán del cuello
deslizate como el sabio que busca inutilmente
la cuadratura del círculo
y lanzado fuera de vos mismo
recorré el valle tenso
que cruza entre mis dos pechos.
En el cenote de mi ombligo
depositá un beso mercurial
que se enrede por los laberintos hondos
por los que se llega a la misma memoria
del vientre de mi madre.
De allí en adelante
dejate guiar por la locura
por la avaricia de tu paladar
por tu vocación de explorador
en busca del Centro de la Tierra.
Se el minero que a tientas
descubre las vetas de sal
que el mar olvidó
en las cuevas femeninas
donde la vida tiene su refugio.
Aferrate a la húmeda rosa de los vientos
más poderosa que los huracanes del Caribe
o los maremotos del Pacífico.
Calma tu sed y tu furias en mí
En el fondo de musgo y algas
que gimiendo te devuelve
a la breve, eterna, seguridad
del paraíso perdido