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"... el bibliotecario protege los libros no sólo contra el género humano sino también contra la naturaleza, dedicando su vida a esta guerra contra las fuerzas del olvido"
Umberto Eco

PALÁU, Rosy

Rosy Paláu


Culiacán-Sinaloa-México


Títulos publicados en poesía:
*Quizá el tiempo-La cabaña editores 1985.
*Territorio Indeciso-Universidad Autónoma de Sinaloa 1990.
*La clara sombra del silencio-Universidad de Guadalajara 1996.
*Estamos solos desde ayer-DIFOCUR-Ediciones sin nombre 2007.

Títulos publicados en narrativa:
*La casa del arrayán-El colegio de Sinaloa. 2005.

OBRA

SELECCIÓN POÉTICA

ESTAMOS SOLOS DESDE AYER

Estamos solos desde ayer
y han crecido los árboles,
huele a limones el patio.
Son las 9 de la noche
de todos los días,
nada nos falta
y estamos solos desde ayer.

A veces nos quedamos tristes
junto a las cosas
y hablamos de los muertos,
en sus cuartos pequeños,
sin ventanas,
esperando a todas horas
que un recuerdo los alumbre;
después andamos por la casa
como siempre,
mientras los grillos cantan,
la luna se levanta,
que sí, que no
y son las 9 de la noche
de todos los días
y nada nos falta.

Hoy amaneció lloviendo,
el sol se metió por la tarde
en un charco de agua,
el aire se llenó de niños,
de voces que pasaron sin nadie;
hasta que la oscuridad nos fue tapando,
hasta que nadie vino
a cerrarnos las puertas del miedo
con la luz de una lámpara,
porque ya no juegan los fantasmas
a ponerse los zapatos,
el vestido dejado en la silla,
porque sólo queda este silencio
que no se apaga
y cierro los ojos
y no se apaga.

Cada quien se interna en su sueño
buscando tal vez
lo que otros dejaron escrito
en una sombra,
cada quien remueve los escombros
de lo que alguna vez ha dicho
y encuentra pueblos distantes,
seres que cruzan la penumbra.

Pero más allá de las sombras
aún perdura la forma de las cosas
y amanece
y todos estamos juntos
en medio de las horas,
todos,
llenando con la prisa
los espacios vacíos.

Lo demás es el aire,
son las nubes
en el cielo alegre
de la ventana,
es acariciar las palabras
ahí, pegadas a su deseo;
porque uno se acostumbra
al silencio que lleva,
a guardar en secreto
esas noches que no alcanzan
para tanta luna
y todo se azulece
y nos entran las ganas inmensas
de decir algo;
porque estamos solos desde ayer,
desde que abrimos los ojos por dentro
y llamamos y no vino nadie
y pudimos saberlo.


NIÑA CON SOMBRAS

Por los tejabanes hierve el sol
en la cazuela oxidada,
salpica con su resplandor
a la niña que callada se deleita.
Su vestido, manantial de muselina
se extiende por el suelo
y en la mansa corriente de la tela
dos palomas hechas con el vuelo de la luz
picotean la turbulencia de una rama.
Del cajón que de tan viejo
tiene rotas las aldabas
toma su cetro, una botella que destella
verdes conventuales;
convierte piedras y sillas arrumbadas
en objetos que decoran su paisaje.
Un gato en actitud de fiera
se escurre por las tapias,
lo husmean en el cielo
sigilosos perros de algodón.
sitiada de si,
nadie sabe qué sueño,
(voluntad serena que la aísla)
le da para escribir misteriosas consonantes
en el tronco de los guayabos.

En la casa el calor busca refugio,
se refresca en espejismos.
Los retratos, días clavados con un clavo
conviven impasibles
mientras alguien en su silencio entaconado
repasa con un trapo el encerado
negro del piano.


I I

Relámpago del instante
la voz que la llama,
se la lleva de su reino hacia las horas
y la empuja por la puerta cotidiana.
En las ventanas la tarde destiende
su naranja almidonado,
la luna es una coma
esperando enumerar la noche,
pero a ella la persigue un temor.
Por alguna parte las sombras, antes tan piadosas,
se visten apuradas,
salen a ganarse la vida
en el papel de fantasmas.


I I I

Una balsa la cama donde navega solitaria.
sus ojos, diminutas fogatas
alumbran el espacio nocturno,
por la orilla, el tiempo acecha,
cae envuelto en sinuosas claridades
un espejo agonizante;
la realidad se desploma,
las cosas entierran a las cosas,
cambian de nombre, se aventuran,
murmullos, pasos,
sombras vivientes
que a su nueva forma se habitúan.

Rebaño de voces el silencio
se encamina
hacia un desfiladero de instantes
donde el sueño se arroja
a otro sueño, tan profundo
que sin ningún remordimiento
apaga todas sus imágenes.


EN ESTE LUGAR SIN NADIE

En este lugar sin nadie,
frente a la piedra
que duerme
y no pesa en su vacío,
hay verdades
tan delgadas
que se quiebran
con la noche.
Como el olvido,
pequeña astilla
en llamas,
como la luz
que se sumerge
al terminar el día.

Te presiento.
Con quién sueñas,
desde dónde te alcanzó
el silencio
que tú sombra
es una rama
que se desliza
con el viento.

Abandonado.
Voy en mi espejismo,
barca deslumbrada
por el sonido
de una catarata
y aquí te detengo.

Por tu cicatriz
se desangra el pájaro,
tiembla en mi boca
una palabra quemada.

Cuando te vayas,
escribe por mí
de la isla
en que se quedan
los hombres
hasta descubrir
la nada.

ESA NOCHE TODA

Esa noche toda
en el canto de un insecto,
el àrbol durmiente
en su bosque de estrellas
junto a las sombras que contemplan
el tiempo sucesivo
y en el instante se recogen,
la tierra haciéndose sin tu voluntad,
en las horas de su reino,
iluminada por la luna
como por una verdad que te guarda
sin salvarte del deseo.
Luego un rumor de algo,
palabra que al decirse
a si misma se revela,
imagen de voz pura,
silencio que promete.
Qué fácil es entonces
el alma por un beso,
así de hondo
y se arroja convencida
en las llamas del minuto,
qué lejos es allá
donde nada trae el día
y amanece lo por fin encontrado.

Pasos que pasan
sobre las piedras que se oyen,
no hay tiempo para el tiempo
que corre bajo cielos anónimos
hacia la profecía de un paisaje.

Muerta la hora se levantará el olvido
y hablarán las sombras,
dominará el silencio
y en todas partes
soplará el polvo en el polvo,
nacerán las cosas,
lo que no ha sido volverá a ser,
hasta que el pájaro cante,
hasta que resuene
por tercera vez el árbol
y la distancia en una luz
según la luz se parta
y abras los ojos
y estés de nuevo entre los tuyos
frente al espejo que vuelve
a su obediencia
en nombre de la realidad.

De estrella en estrella
se va volando la noche,
tienes la luna contada,
vas sin detenerte,
viajero de ti mismo,
buscador de fantasmas,
aparecidos de la esperanza
donde los restos del día.

El sueño es la fe de los solos,
de los aventurados,
la memoria el agua
para su sed,
agua propia,
desbordada en transparencias.

Qué disfraz el de la inmovilidad,
cubre las huellas de la huída,
qué oscuro gozo
la sombra de la dicha,
ese amor que alumbra a ratos
el recuerdo que lento se vacía.

LA DISTANCIA

Fija la distancia,
fija la hoja
como una llama verde
que alumbra el árbol.
A cuántas voces
te encuentras ahora
que la noche
se vuelve
cargando sobre sus hombros
una luna rota.

Mi recuerdo te dibuja
y en el umbral
de la puerta
recuestas tu silencio.
Niño sin respuestas,
pido una boca
para tu sombra que calla,
unas manos
para mis ojos
que te tocan,
mientras afuera,
petrificado en su vuelo
el pájaro,
sostiene en una luz
el tiempo.

Por ti presienten las horas
lo que la nube sueña
dormida en el cascarón del cielo,
por ti me recojo,
atravieso los corredores
de la tierra
y lentos,
sin ruido,
nos hacemos polvo.

SELECCIÓN NARRATIVA

LA CASA DEL ARRAYAN

Dios bendito, ya pasó el demonio enrollado en su cobija negra, grita la Lupe cuando se va la tormenta y luego sigue barriendo el agua como si nada. Es que sale con unas cosas. Dice mi abuela que cuando la vio entrar traía unos ojos de muy lejos, metidos a fuerzas en la prietura, que viene de un pueblo de aparecidos. Yo creo que es cierto porque todas la noches cruza el portal encorvada, entre el amasijo de sombras, con un rezadero que te da miedo verla y yo cierro los ojos y los abro para que no crea que estoy despierta, hasta que se me desmorona el pensamiento en el sueño que viene y de un jalón me lleva. Pero supieras, después de la lluvia la casa se pone tan alegre. Cuando sale el sol a mi se me figura que entra en el cuarto rebotando como una pelota y rompe todas las cosas porque las veo desparramarse por el suelo igualito que las canicas que ruedan y ruedan para después quedarse quietas hechas bolita en su resplandor y yo paso brincando las camas para no pisarlas y me voy al patio donde el aire huele a jabón y me avienta con un montón de pájaros que cruzan moviendo la luz con sus apuros. ¡Ay! se ha de sentir muy bonito volar como esos ángeles que se llevan subiéndole flores a la virgen que está en el cielo parada en una nubes blancas y esponjadas o aunque sea prendida de un hilo como los papalotes, pero nada más vengo y me trepo en el arrayán y desde la punta me pongo a mirar el silencio, tan hondo, tan azul y pienso que por ahí andan esas almas sueltas que reniegan de morirse pero no pueden gritar porque se les hizo de polvo la voz. Lo que si me da admiración es cuando viene un señor muy delgadito, que hasta parece que se lo va a tragar el sombrero y no sé de donde saca fuerzas para sacudir el árbol que suelta todas las frutas riéndose de puros olores y las echa en una canasta que rechina igual que sus huaraches cuando se va pisando el tumbadero. Ojalá vieras los charcos donde se bañan las nubes que se dejan tentar disque muy mansas y luego se te esconden en la tierra aguada y haces un lodo con el que puedes amasar muchas figuras. Yo los hago a todos, a mi mamá, a mis hermanas a la Lupe y me acuerdo de esa historia de Dios cuando cogió una bola de barro y formó a nuestro padre Adán, que como no le decía nada, ahí helado el pobre, le metió de un soplido el alma y se pudieron despertar todas las hermosuras. La imaginación es como el cine ¿verdad?. Uno no sabe y de repente ya andas adentro de las palabras y eres ese que pisa la luna enfundado en un traje todo plateado y estás en medio del infinito que es igual que cuando miras para adentro de ti y todo se te revuelve y de tanto ver ya no ves nada, o te empujan lleno de collares a un volcán y para que te avientes muy a gusto te adornan el miedo con la música de muchos tambores, o te cortan la cabeza en una plaza llena de gente que come elotes hasta que te despierta el sangrerío y ya está, te deja otra vez entre todos los ojos que también miran y buscan una mano de donde agarrarse en la negrura. A lo mejor te preguntas por qué te escribo tantas cosas, pero es que hoy por la tarde nos llegó una visita. Desde aquí escucho el ruidajo de la loza en la cocina, como si todos quisieran tapar la voz de esa mujer que habla y habla, llora y luego habla con un desespero que va cayendo como la oscuridad en la casa. No puedo explicarte lo feo que se siente oír ese lamento apagado, pero es como si los ojos se te hubieran ido y anduvieras ciega tentándote la cara toda mojada de tristeza. Quisiera que todo sonara a las pulseras de la Lupe que chocan unas con otras alegrándole esos brazos con los que a veces sale de su brusquedad y me abraza para decirme: No se preocupe niña, al cabo que todos estamos muertos. ¡Qué bárbara! ¿Tú crees?