Bienvenidos a este lugar de consulta sobre poetas, narradores y ensayistas de todo el mundo escritos o traducidos al idioma español.

"... el bibliotecario protege los libros no sólo contra el género humano sino también contra la naturaleza, dedicando su vida a esta guerra contra las fuerzas del olvido"
Umberto Eco

LONDOÑO, Jenny

Jenny Londoño López


Guayaquil-Ecuador//Quito-Ecuador


Libros publicados:

*Desafiando al Olvido", poemas, 2003, Imp. PPL.;
*Los ültimos Destellos del Crepúsculo", Cuentos, Edit. letramía, 2003;
*De Nostalgias y Sueños, poemario, Edit. IADAP, 1992.
* Las mujeres en la Economía colonial quiteña", Casa de la Cultura Ecuatoriana, 2009
* Las Mujeres en la Independencia", Colección Bicentenario, Municipalidad de Quito, EEQ, 2009
* Entre la sumisión y la Resistencia. Las mujeres en la Real Audiencia, Ed. Abya-Yala, Quito, 1997
*“¿Angeles o Demonios? Las mujeres y la Iglesia en la Audiencia de Quito”, U. de Bolívar, Ed. CDS, Quito, 1995

OBRA

SELECCIÓN POÉTICA

"El olvido está tan lleno de memoria
que a veces no caben las remembranzas
y hay que tirar rencores por la borda.."
Mario Benedetti.

Del poemario “Desafiando al Olvido”, 2003.
LAS PALABRAS PERDIDAS

Esta noche vinieron los fantasmas,
trajeron la hojarasca de palabras perdidas,
y en gritos y susurros el eco del pasado.

Cuelgan los alerones, catedrales de musgo,
ventanales que husmean el sudor de la tarde
corredores que acechan,
ladrando a los candados.

Espío la rutina temprana de mi madre:
descuelga sus saberes repetidos por siglos
y musita una extraña liturgia de palabras.

Luego escapa, sin que la pueda detener mi grito.
La escuela suburbana se bebe su paciencia.
y la devuelve, mustia, en el crepúsculo.

Yo aprendo las lecciones con muñecas de trapo,
vajillas diminutas, pañales, biberones,
los roles que mi madre aprendió con el látigo.


PARTIDA DE NACIMIENTO

Vine de no sé dónde, me alumbraron las olas.
Traje genes y señas de sangres ancestrales.
Una luna de octubre acunó mi llegada
y presidió curiosa mi arribo a este planeta.

Entre albatros y barcas desplegué mi crisálida
y el planeta Mercurio me dio la bienvenida.
He andado dando tumbos sobre olas encrespadas,
endureciendo el alma de fuegos y combates.

No sé si tengo el alma marcada por un sino
Si me escapé de manos de algún titiritero,
Si forjaron mi cuerpo de barro o de madera,
Si me escurrí de un sueño o soy un espejismo.

Solo sé que muy pronto quise levar mis alas,
estiré mis cartílagos por fuera de la sábana
batallé, desplegando mis huesos inmaduros
y terminé deshecha notando mi torpeza.

Desde entonces, bebí la incertidumbre
de ser rehén de un hado misterioso,
que encadena mi cuerpo a lo profundo,
mientras yo me empecino en llegar a las nubes.


UN MALECÓN EN EL RECUERDO
Dedicado a mi ciudad natal: Guayaquil

La noche se resbala por la ciudad caldeada
que ruge intermitente, como felino en celo.
El río se distiende, edredón de luciérnagas,
bosteza sobre el puerto con su vaho salobre.

La calle, trepidando motores y bocinas,
me envuelve con su ritmo brutal de siderurgia.
Las sombras de la bruma emergen clandestinas.
Ya el calor no se pega como una miel espesa,

El malecón me lanza vapores de resaca.
La fuente de colores atrapa mis sentidos,
me susurra la historia de la vieja del bote,
al compás de un concierto de grillos y cigarras.

La turbiedad del río galopa en mi retina
y son fauces de lobo las olas que levanta.
El cielo ha terminado de apagar sus faroles.
Hilando los bostezos, volvemos a la casa.

El paseo termina y el fuego disminuye.
Se ha enancado la noche a lomo de la lluvia.
Suelto a volar mis pájaros, enjambre de quimeras
y el malecón se queda dormido sobre el agua.


UNA RAYUELA HERIDA

Cinco años, poco tiempo para mirar el mundo.
Pelotas y rayuelas se quedaron ancladas.
Con las alas cortadas asistí al sacrificio
en la pira que sabios y maestros urdieron.

Me asentaron las letras con regla de madera,
me ataron a un pupitre que añoraba la selva
y anudaron mis sueños a una cometa rota
que ya no forcejeaba con las nubes.

El catecismo, compendio para autómatas,
se amparaba en la inútil blancura de las monjas.
La imagen del demonio pobló mis pesadillas
y el mundo se volvió cuadriculado.


EN EL LECHO, TU OLA.

Llevo mi mar a cuestas,
Me cabe en una jaula su corazón de espuma.
Se acomoda en la carpa de un circo de gitanos
y me borda de azahares cuando cae la lluvia.

Llevo un mar que me habla,
es un gran campanario que endulza mis mañanas
y abarrota mi cama de corales y anémonas,
marcándome las horas con su gusto salobre.

Llevo un mar en los ojos,
porque nací en su cresta mirando al horizonte,
cargado de alboradas y fuegos de crepúsculos
y no me intimidaron montañas ni colinas.

Llevo un mar en la sangre,
que me impulsa a la vida como bongó imparable.
Nadie puede arrancarme su rito de corales.
Tempestad que me baña borrándome las penas.

Llevo un mar clandestino,
ronronea en mi almohada como gato de seda
y es amante furtivo que espera mi llegada,
lujurioso en mi lecho de sal y de cerveza.


CON LOS SUEÑOS ATADOS
A Fabio Londoño

Mi padre hila palabras,
cadena interminable de su ausencia.
Me entrega un mundo roto
que derrama su llanto por los poros.
Me enseña un catecismo que se estrella
contra la angustia urgente del olvido.

Se queja, eternamente,
de la fatal cojera de la ética,
del silencio con que sordos y mudos
nos arrojan al borde del abismo.

Me multiplica el hambre de las letras
que cuelgan de los libros en racimos.
Me empuja al laberinto de la vida
que florece en sus hojas.

Por eso yo lo llevo a lomo de mis versos,
y lo evoco con fuerza cuando la tarde cae,
con los sueños atados a ese extraño silencio
de su filial afecto, repleto de palabras.


AL FILO DE LA NAVAJA
A Medellín.

Esta ciudad herida
me atenaza hasta el tuétano.
Los fantasmas de muerte
le rondan cada esquina.
Su corazón de púrpura
se desangra en las noches.

Esta ciudad, que antaño,
me acogió en sus entrañas,
que derramaba aroma de café
sobre mi piel ansiosa,
que vertía un anís lujurioso
en mis pezones,
ahora huele a pólvora y a sangre.

Se me antoja un vampiro,
que en las noches
me succiona los sueños.


En Antología “La voz de Eros” dos siglos de Poesía Erótica Ecuatoriana
Compiladora: Sheila Bravo.
LUJURIA DE CORALES

Tengo un hombre de ébano,
piragua que navega sobre mis muslos cálidos.
Mi cuerpo se revuelve inquieto en su atarraya
cuando el mar busca, loco, llegar hasta la luna.

A fuerza de sentirlas conozco sus dos manos:
negras, rosadas, ávidas,
a ciento treinta grados centígrados me abrasan
y transcriben poemas sobre mi piel de azaleas.

Tiene espalda perfecta,
nacida de una noche de aquelarre y macumba.
Su cuerpo de azabache es sol que se desangra,
cuando inicio en un trance mi ardiente cabalgata,
sin bridas ni aparejos, sin cabestros ni látigos.

Tengo un hombre que es noche,
oscuridad felina de ardientes tempestades,
suavidad de murciélago, humedades de algas,
mitad pez, mitad pájaro.

Aletea en mis vértices, resbala en mis estambres
y derrama corales sobre la espuma pálida
de mi cuerpo que sueña
y a fuerza de soñarlo lo inventa cada noche!


CÓPULA CON EL VIENTO

Frente al mar, una noche sin luna y sin marea,
danza ancestral primaria y poderosa.
Nada me place tanto
como el viento que eriza mi pubis en la arena.

Catedral de salitre, la playa me derrota.
Me arrodillo, y coloco mi cabeza en el suelo
Oscuridad que repta, sus placeres salinos
y el viento se pasea por mis piernas.
borboteando su espuma salobre en mis pezones.

Un brillo de luciérnagas palpita en mi epidermis
y una explosión de estrellas ronronea en mis venas.
El viento como un pez me corcovea,
delfín en celo cabalgando brioso,
sobre mi cuerpo espuma, derramada en las olas.

Un crepitar de muslos y de brazos
se enredan cual medusas en una danza eterna
Y el viento que me habla y que me llena
de labios y de lenguas, deslizándose sílfides,
hormiguea febril en mis entrañas
para sembrar el hijo huracanado.


MEA CULPA, MEA GRAVÍSIMA CULPA.
Poema inédito. Ganó el concurso de poesía
Fanny León Cordero, Quito, 2004.

I
Desde el principio de todos los principios
aceptaste la culpa, cargaste maldiciones,
Fuiste la recatada mujer de escapulario,
con su vetusta suma de desfalcos y engaños,
de supuestos que acrecen un mito milenario.

Te diste por entero, a plazos o a pedazos
cercenando la vida que no pudiste gozar a borbotones.
Fuiste un ventarrón chocando con las rejas,
una sombra estirándose detrás de las ventanas
para mirar el fuego robado a Prometeo.


II

Ser o no ser. Esa es la cuestión.
¿Una exótica rosa que exhala sus aromas?
¿Ilusión de poetas que recrean un mito?
¿Cuerpo de angustia y miedo trastocado en destino?
¿Imagen fantasmal que desliza su tedio por la casa,
eternamente ausente del grave discurrir de la política,
cosiendo los silencios y sus trampas?


III

¿Qué identidad, qué nombre, qué certezas?
¿La que llegó sin fiesta y sin banquete?
¿La que bebió las hieles para parir los días
y enajenó su canto sin derechos ni halagos?

¿La autómata que calla y ha perdido sus alas?
¿La madre que se inmola en espiral creciente?
¿La que miente y silencia las voces de la ira?
¿La que nunca se queja y un día al fin se escapa?

¿La que resurge siempre del fondo del abismo?
¿La que arma sin saberlo menudas tempestades?
¿La que trueca dolores en placeres prohibidos?
¿La que rompe los muros con sueños y palabras?


IV

Princesa que defiende su reino de oropeles.
Roedora de anhelos,
marchante de ansiedades,
Las horas amasadas en tropeles,
enhebrando en las noches la lista del mercado,
palideciendo auroras
sobre blancos cordeles que orean la rutina,
respirando un oxígeno ajeno,
bebiendo a pesadillas el ajenjo del otro,
resintiendo el descanso que se escapa de nuevo
como un amante esquivo.


V

Aferrada al olor de las especias,
al blanco de las sábanas,
a la sal suficiente,
a la mesa que se arregla y se deshace
una vez y dos veces y mil veces
y tantas, que termina reventando la palabra infinito,
se enajena, se dona, se olvida de vivir.


VI

Una sombra que pasa corriendo temerosa,
desdibujando el nudo de las horas inertes,
cargando sobre el lomo de los siglos
una jaula dorada o herrumbrosa.

Castigos y torturas, perversión de los géneros,
se enredan en el nudo carceleros y víctimas,
se entrampan en un juego que les roba la savia
se queman en el fuego sagrado del abismo.

Una llama que apagan para evitar la hoguera.
Una voz que silencian para matar el miedo
ante la hembra rotunda que temen y desean,
que rechazan y aman, que necesitan y odian.


VII

Mariposa que danza con las alas trizadas,
Estrujando el deseo que nos muerde la carne
como boa tres equis,
apretando los labios,
cancerberos de fuego,
cerrando las compuertas contra los huracanes,
conjurando retruécanos,
de los que ofrecen quemarnos en el horno
para purgar la culpa,
más larga que la vida:
Mea culpa, mea culpa, mea gravísima culpa!